Judería de Híjar | Jewish Quarter of Híjar

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FUIMOS, SOMOS Y SEREMOS

La presencia judía en Híjar se remonta, al menos, al siglo XIV. Un siglo después, la comunidad alcanzó su esplendor: renovó su sinagoga y consolidó una próspera aljama. Tras la expulsión, solo quienes partieron pudieron conservar sus nombres de familia, mientras que los conversos tuvieron que cambiarlos. Hoy, Híjar se enorgullece de este legado.

Los nombres de la aljama

Gracias al trabajo de historiadoras como Asunción Blasco y Amparo París, hoy conocemos muchos de los nombres de los judíos de Híjar documentados en el siglo XV. En los protocolos notariales y en el archivo ducal aparecen, una y otra vez, firmando contratos, asistiendo a asambleas de la aljama o respaldando con sus bienes las operaciones financieras del señor de Híjar.

Documento original del 9 de marzo de 1459 en el que la aljama de los judíos de Híjar —reunida en la «sinoga» (sinagoga) bajo convocatoria del samás o nuncio Salamó Execho— participa, junto con el concejo cristiano del lugar y las aljamas de moros de Híjar, La Puebla y Urrea, en la venta de un censal de 500 sueldos a doña Violante Roiz. Entre los representantes de la comunidad judía figuran Açach Abenforna, mayor de días y adelantado, y Jucé Chinillo, lugarteniente que asiste en nombre de Jehudá Chinillo, adelantado.
AHPNZ, Juan Sánchez de Calatayud, carp. 4086, ff. 51r–58r (Doc. 437). Reproducido en Amparo París, Los judíos de Híjar (Teruel) en el siglo XV. Aproximación biográfica y documentos.

Como documentó Asunción Blasco en su estudio publicado en Rujiar (2006, pp. 52–54), los datos procedentes del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza —fondo de Híjar, pergaminos— permiten conocer los nombres de los judíos que asistían a las asambleas de la aljama a lo largo del siglo XV…

“… gracias a los documentos del siglo XV conservados en el fondo del Archivo ducal he podido conocer los nombres de los judíos que con mayor o menor regularidad asistieron a las asambleas convocadas a lo largo del siglo XV para suscribir los censales emitidos con el fin de respaldar económicamente a su señor. La relación alfabética de sus gentilicios, con los nombres propios entre paréntesis, es como sigue:

Abadí o Aebadí (Bonafós, Çaçón), Abenfanya (Aarón, Bondía, Jucé hijo de Bondía), Abenforna (Abraham hijo de Çaçón, Açach mayor y menor, Çaçón, Jucé, Salomón, Samuel), Abenjuçaf (Jehudá, Jentó, Jucé), Abenlopiel (Jehudá), Abenreyna (Jentó), Absapit (Jucé, Mosé), Absayut (Jucé), Aburrabe (Samuel), Acrix (Vidal), Achí o Agí (Alazar, Mosé, Samuel), Albagli o Alballi (Jucé, Salomón), Aldur (Açach), Almatí (Jehudá), Almelaquí (Açach mayor, Astruch, Jehudá, Jucé, Mosé hijo de Jucé), Alpacavi (Samuel), Alpastán, Alpaxar o Alpaztaní (Mosé), Amariello (Abraham), Aulbaqua o Aulbacha (Jentó), Axequo (Salomón, Samuel), Azcarrel (Abraham), Azriello (Mosé), Bahalull o Baalul (Jentó), Baruch (Abraham, Jacob, Mosé, Salomón, Samuel), Baur (Jacob), Benardut (Bonafós, médico), Bencaal (Mosé), Bonanat (Mosé), Bonjua (Açach, Jucé), Cacez o Cachet o Tazez (Bueno, Jucé), Cogumbriel (Jacob), Cohen (David, Johaná), Emanuel (Mosé), Ezdriello o Izriello (Abraham, Mosé, Salomón, Sentó), Exech (Samuel), Exunlí (Jentó), Falleva (Sessat), Gallipapa (Mosé, Salomón), Haver (Mosé), Jehamí (Salomón), Latux (Vidal), de Mallén (Açach), Macarén o Almacarén (Açach, Astruch, David, Jehudá, Jehudá hijo de Astruch, Jentó, maestre Jucé cirúrgico, Jucé hijo de Açach, Jucé hijo de Noha, Noha mayor, Salomón, Samuel, Sentó), Manuel o Emanuel (Jentó, Mosé, Salomón, Samuel menor), Moreno (Açach), Ovana o Ubarra (Samuel), Palomo (Jehudá), Romi (Salomón, Samuel), Sauthiel (Jentó mayor y menor, Mosé), Taboch (Jentó), Vitales (Jehudá), Xalón (Jucé), Ximach (Açach), Zayet (Bueno), Zazez (Jucé), Zunana (Mosé).

Rúbrica de Noha Ginillo/Chinillo, hijo de Açach. 1437. Reproducido en la obra de Amparo París Los judíos de Híjar (Teruel) en el siglo XV. Aproximación biográfica y documentos.

Detrás de cada gentilicio o nombre de familia (lo que hoy día se corresponderían con lo apellidos) hay personas concretas: mercaderes, artesanos, médicos, rabinos, mujeres que administran propiedades, jóvenes que comienzan a aparecer en la documentación.

Los listados reconstruidos a partir de los documentos del siglo XV permiten seguir la huella de estas familias a lo largo de varias décadas y muestran una comunidad activa, bien integrada en la economía del señorío y, al mismo tiempo, conectada con otras aljamas aragonesas y castellanas.

Conversión, gentilicios y memoria

La expulsión de 1492 supuso una ruptura profunda. Algunos vecinos de Híjar optaron por marcharse y mantuvieron sus gentilicios judíos en los lugares donde se asentaron. Otros muchos aceptaron el bautismo —por obligación o por conveniencia— con la esperanza de poder continuar su vida cotidiana en la villa.

El paso de una fe a otra transformó también los nombres de familia. Tal como documenta Asunción Blasco en su estudio sobre los judíos de Híjar en el siglo XV, conservado en el Archivo Ducal de Híjar, varios linajes aparecen fragmentados o modificados a raíz de las conversiones. Un caso especialmente ilustrativo es el de Jehudá Chinillo, hijo de Noha, quien tras recibir el bautismo adoptó el nombre cristiano de Luis de Santángel; no así su hermano Isaac, que permaneció fiel al judaismo. Blasco señala que la propia familia Chinillo “se resquebrajó” en 1415 cuando parte de sus miembros abrazaron el cristianismo.

Como él, numerosos integrantes de familias judías hijaranas reaparecen en las fuentes posteriores bajo nuevas identidades: algunas todavía permiten reconocer su origen hebreo; otras, en cambio, quedan totalmente desligadas de su nomenclatura medieval. Por ello, resulta difícil trazar líneas genealógicas directas entre aquellos gentilicios del siglo XV y los apellidos de los vecinos actuales.

Aun así, la documentación conservada ofrece un punto de partida sólido para futuras investigaciones de genealogía e historia local. Más allá de la certeza archivística, la memoria popular ha mantenido vivo el recuerdo: el barrio de San Antón siguió siendo conocido durante siglos como “la judería”, evocando a quienes habitaron este espacio y lo configuraron como una parte esencial de la identidad histórica de Híjar.

Las mujeres en la judería de Híjar (siglo XV)

La documentación conservada apenas recoge voces femeninas, pero los pocos testimonios disponibles permiten vislumbrar su papel dentro de la comunidad. Las mujeres judías suelen aparecer identificadas por su nombre propio seguido de la filiación (“hija de…”) si eran solteras, o con el gentilicio de su marido (“mujer de…”) tras el matrimonio. Algunas, no obstante, mantuvieron su nombre familiar de origen, como Sol Azamel.

Su presencia en los documentos es escasa, quizá porque los negocios recaían habitualmente en los varones. Sin embargo, como en la sociedad cristiana y musulmana, cuando moría el esposo podían asumir la gestión económica y la tutela de los hijos. Sol Azamel, viuda de Açach Abnarrabí, es el único ejemplo explícito en el corpus documental que ejerce este rol.

También se registran casos que permiten entrever sus vínculos familiares y su capacidad de decisión sobre bienes propios, como el de Xeclí, que en 1437 otorgó testamento en Zaragoza dejando mandas a su hermana Mira, o el de jóvenes hijaranas casadas en otras comunidades (Tauste, Monzón u Oliete), reflejo de redes familiares que trascendían la villa.

Aunque las referencias son pocas, estas notas revelan la presencia activa —aunque discretamente registrada— de las mujeres judías en la vida económica, familiar y social de la aljama de Híjar.

San Antón: un barrio con pasado judío

El antiguo barrio judío, articulado en torno a la plaza de San Antón, ha conservado hasta hoy una fuerte sensación de pertenencia. Durante siglos, las fiestas y tradiciones de la zona —especialmente la fiesta de San Antón y sus hogueras de enero— han reforzado la identidad del barrio y han mantenido vivo el vínculo con su ermita-sinagoga.

Tras la conversión de la sinagoga en iglesia, la devoción al santo y a su característico cerdo convivió con la memoria, más o menos explícita, de un edificio que había sido originalmente casa de oración judía. Esta superposición de significados —sinagoga, ermita, convento franciscano, de nuevo parroquia— forma parte esencial de la singularidad del lugar.

Hoy, las vecinas y vecinos de San Antón siguen reuniéndose en torno a la plaza y a la ermita en las grandes citas del calendario local.

Vecinos de Híjar reunidos en torno a la hoguera de San Antón durante la celebración de 2025. Fotografía de Marta Lanuza — EsHíjar.

La judería de Híjar no es solo un capítulo cerrado del pasado. Sus nombres, sus documentos, su imprenta y su sinagoga restaurada constituyen hoy un legado vivo que la localidad ha decidido reivindicar con orgullo.

Recorrer estas calles, entrar en la antigua sinagoga y leer los nombres de familias hebreas que han llegado hasta nosotros es recordar que fuimos, que somos y que seremos:

  • fuimos una comunidad plural donde judíos, cristianos y, en otras épocas, moriscos compartieron espacio y destino;
  • somos herederos de esa historia, responsables de conservarla y difundirla;
  • seremos lo que sepamos construir a partir de este conocimiento, manteniendo abiertas las puertas al diálogo, la investigación y la memoria compartida.

Este último tramo de la ruta invita, en definitiva, a mirar más allá de las piedras y los documentos para reconocer en la historia de Híjar la historia de muchas otras comunidades de Sefarad: las que fueron, las que permanecieron y las que, de algún modo, siguen presentes en la vida de nuestros barrios.

Enlaces de interés

Bibliografía básica

Para quienes deseen profundizar en la historia de esta judería, se recomienda la siguiente bibliografía fundamental: