Judería de Híjar | Jewish Quarter of Híjar

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LA CASA DEL RABÍ Y LA IMPRENTA DE HÍJAR

Junto a la sinagoga se alzaba hasta los años 70, la conocida como Casa del Rabí, que estaba comunicada directamente con ella. El principal legado cultural de la comunidad judía de Híjar es su imprenta hebrea, una de las más tempranas de la península, de la que salieron valiosos libros incunables.

La Casa del Rabí en el relato de los vecinos

Vista de la plaza de San Antón en 1943.
En primer plano, se aprecian dos arcos contiguos de estilo renacentista (siglo XVI). El de la izquierda, decorado con dovelas esculpidas, era la entrada principal a la conocida como Casa del Rabí, cuya fachada y estructura fueron profundamente transformadas en 1976. El arco contiguo, hoy cegado, daba acceso a la ermita desde la plaza. Esta imagen histórica, tomada antes de la remodelación del entorno, forma parte del Archivo Fotográfico del
Centro de Estudios del Bajo Martín.

Aunque no existe documentación que verifique que el edificio al que tradicionalmente se ha denominado como “Casa del Rabí” se correspondiera efectivamente con la residencia de algún rabino de la aljama de Híjar, lo cierto es que el nombre ha perdurado en la memoria colectiva gracias a la tradición oral. En este sentido —y con la cautela que siempre exige el uso de fuentes basadas exclusivamente en recuerdos y testimonios orales—, el investigador local Manuel Forcada publicó recientemente en un conocido medio digital del municipio una descripción del inmueble construida a partir de los relatos de varios vecinos del barrio de San Antón. Si bien estos recuerdos se remontan, como mucho, al siglo XIX o XX, por ser parte de la memoria viva, hemos optado por recogerlos aquí:

“…Lo primero que hemos hecho, naturalmente, es .preguntar a las personas mayores que viven en el Barrio de San Antón, para que nos pudieran dar algunas referencias de ella. Hemos preguntado a Pilar Muñoz, ‘La Lecera’, y a Francisco Pina, ‘El Peña’, que han vivido prácticamente toda su vida en San Antón.

Nos han dicho que la casa que fue del rabí (antes de la construcción del actual bloque de viviendas) perteneció al Tío Curto y la Tía Pistola, que fueron durante muchos años los colchoneros de nuestra localidad.

Al entrar por la puerta se pasaba bajo un arco con relieves de piedra, decorado con símbolos de cruces y flores. El patio era amplio, alargado, con el suelo de tierra, y al fondo, a la derecha, se encontraban unas escaleras con barandilla de yeso.

Junto al patio había dos cuartos bajos y una pequeña luna. Uno de estos cuartos, el que daba a la plaza, destacaba por su hermoso techo de madera, decorado con dibujos, bolas y adornos. Según nos han dicho, podría haber sido el despacho del rabí.

Al subir por las escaleras se accedía a un edificio de dos plantas. En la primera, existía una ventana que comunicaba directamente con la sinagoga, lo que habría permitido a los conversos, nostálgicos de su antigua religión, asistir a los oficios litúrgicos sin ser vistos. También se decía que, desde otra vivienda, situada a la derecha del acceso a la sinagoga desde la Cuesta del Olmo, se podía acceder al templo a través de un arco.”

Este relato, aunque centrado en el recuerdo de viviendas ya desaparecidas y de épocas recientes, ayuda a reconstruir la memoria del barrio y de sus habitantes, manteniendo viva la huella de lo que un día fue un espacio singular para la comunidad judía de Híjar.

De la conocida como Casa del Rabí solo se conserva hoy el arco de sillería que formaba parte de su entrada. Este elemento, de factura sencilla, presenta símbolos como cruces, conchas, flores de lis y la letra TAU —visible también en la antigua puerta de la ermita de San Antón—, por lo que probablemente sea ya de época cristiana.

La ubicación actual del mencionado arco nos la brinda el autor local Antonio Lasala en su novela Tambores confusos, Una visión antropológica de la Semana Santa de Híjar, donde habla de su rescate y traslado:

del pueblo, justamente en la puerta de la casa de quien esto escribe, tras ser recuperado del corral de la tía Tórtola donde se empleaba, desmontado y abandonado, como Loca Sacra Libera de los conejos que criaba la entrañable mujer.”

Este tipo de testimonios, aunque literarios y en parte novelados, ayudan a mantener viva la memoria de un patrimonio desaparecido, entre lo real, lo simbólico y lo emocional.

Si atendemos al estilo de la referida arcada —que, según las fotografías antiguas, guarda similitud con la pequeña entrada tapiada que conecta la plaza con la ermita—, parece evidente que nos encontramos ante dos portadas remodeladas en el siglo XVI, lo que las situaría fuera del periodo original de la edificación judía.

Una vez más, la historia de estos barrios nos sitúa en esas encrucijadas donde se cruzan la realidad documental, la memoria oral y los mitos compartidos. Entre todas ellas, solo alcanzamos a reconstruir una pequeña parte de lo que fue, guiados por la mirada del

curioso o del amante de la historia que aún percibe, entre ruinas y silencios, las huellas de un pasado casi perdido.

Híjar en la cuna de la imprenta hebrea: el legado de Alantansí

Reproducción de los tipos originales de la imprenta de Alantansí de Híjar (finales del siglo XV), realizada mediante impresión 3D a partir de letras extraídas de sus textos conservados. Fotograma de la película documental Libros: E  l legado de Alantansí (José Ángel Guimerá, 2024)

Bajo el mecenazgo del duque Juan Fernández de Híjar y Cabrera, la corte ducal reunió a un círculo de colaboradores que impulsó a esta modesta villa aragonesa hasta situarla en el mapa cultural europeo. Entre los proyectos más notables de aquel momento destacó la imprenta del judío oscense Eliezer ben Abraham Alantansí, quien, junto a sus socios, estableció en Híjar un taller tipográfico capaz de producir obras hebreas de extraordinario valor, algunas de las cuales han sobrevivido hasta nuestros días.

Alantansí aparece acompañado por el entonces rabino de Ixar, al que guía hasta la imprenta para mostrarle los trabajos y a sus colaboradores. Se trata de un Fragmento de ficción del mencionado largometraje documental.

A este mismo contexto pertenece el llamado Cancionero de Juan Fernández de Híjar, un manuscrito ampliamente estudiado que reúne composiciones de diversos autores. La tradición investigadora lo ha vinculado desde hace décadas a la figura del duque, bien

porque pudiera haber formado parte de su biblioteca, bien porque algunos estudiosos han planteado la posibilidad de que fuese compilado para él. Aunque su relación con Híjar resulta verosímil y está sólidamente asentada en la historiografía, lo cierto es que el origen material del manuscrito —dónde, cuándo y para quién se realizó exactamente— continúa siendo objeto de debate entre los especialistas. En cualquier caso, su presencia en el entorno cultural del linaje ducal explica la perdurable asociación del Cancionero con Híjar y con el florecimiento artístico e intelectual de su época. Difícilmente volverá Híjar a alcanzar una repercusión semejante en el ámbito cultural europeo y mundial como la que generó durante aquellos años. El paisaje intelectual que dibuja el cancionero resuena con el eco de los talleres tipográficos hebreos que, en la última década del siglo XV, imprimieron algunos de los libros más singulares de la historia de la imprenta peninsular. Hoy, estas obras se conservan y estudian en universidades y bibliotecas de investigación de máximo prestigio internacional.

En total, fueron cinco los incunables que salieron del taller hebreo de Híjar, activo entre 1485 y 1490, lo que convirtió a esta imprenta en una de las principales productoras de libros en caracteres hebreos de Sefarad.

El término incunable hace referencia a los libros impresos en la “cuna” de la imprenta moderna, entre 1453 y 1500: unas 35.000 ediciones procedentes de aproximadamente 1.200 imprentas distribuidas en 260 ciudades europeas. La contemplación de los volúmenes impresos por Alantansí revela la riqueza de los materiales empleados y la pericia técnica de su estampador. Su relevancia histórica, artística y cultural es indiscutible.

Eliezer ben Abraham Alantansí se estableció en Híjar, donde residía una comunidad judía de unas 40 familias (aprox. 150 personas). Allí instaló su taller hacia 1485, manteniéndolo operativo hasta 1490, fecha de su última obra conocida: un Pentateuco con Targum Onkelos y comentario de Rashi. A su actividad pueden atribuirse con seguridad las siguientes ediciones:

En este fragmento de vídeo vemos un ejemplar del Tur Oraj Jaim de Jacob ben Asher, procedente del documental Libros: El legado de Alantansí (José Ángel Guimerá, 2024)

De estas cinco obras se conservan hoy 58 copias (completas o fragmentarias) dispersas por tres continentes, en las principales bibliotecas universitarias y colecciones

privadas de ciudades como Madrid, Nueva York, New Haven, Filadelfia, Connecticut, Puerto Rico, París, Milán, Roma, Oxford, Londres, Jerusalén o San Petersburgo.

Además, el seguimiento y la identificación de estos textos ha sido posible con relativa facilidad gracias a la información que aportan algunos de sus colofones. En varios de estos ejemplares aparece mencionado de forma explícita el impresor, Eliezer ben Abraham Alantansí o Eliezer Alantansí, mientras que en otros se cita al financiador de la edición, Salomón Zalmatí, lo que ha permitido confirmar la autoría del taller y reconstruir con mayor precisión la secuencia de producción de la imprenta de Híjar. A ello se suma un elemento distintivo de enorme valor para la identificación: los libros salidos de la imprenta hijarana incorporaron la primera marca de impresor conocida en textos hebreos, un león rampante, que en ocasiones se representa dentro de un escudo rojo. Tanto esta marca como los textos de los colofones —a veces redactados en forma de acróstico mediante las letras iniciales de las columnas— constituyen auténticas declaraciones de orgullo profesional por parte de sus creadores.

Página final de la Torá con Targum de Onquelos y comentario de Rashí impresa en Híjar en 1490. En la columna derecha, las letras iniciales de cada línea forman un acróstico con el nombre del impresor, Eliezer Alantansí, característico de la imprenta hebrea hijarana. Ejemplar conservado en la Biblioteca del Seminario Teológico Judío de América (Nueva York), que procede del documental Libros: El legado de Alantansí (José Ángel Guimerá, 2024)

Gracias a la importancia de los incunables que produjo, la figura de Alantansí ha sido objeto de numerosos estudios, que lo presentan como un hombre excepcional: erudito, dotado para los negocios y poseedor de un notable instinto para la supervivencia. Buena parte de estos datos son conocidos hoy gracias a los trabajos de Lucía Conte Aguilar y Asunción Blasco Martínez, y se dan a conocer también en el documental Libros: El legado de Alantansí, dirigido por José Ángel Guimerá en 2024.

Enlaces de interés

Bibliografía básica

Para quienes deseen profundizar en la historia de esta judería, se recomienda la siguiente bibliografía fundamental: