EL GRANERO DEL DIEZMO
Unas décadas después del edicto de expulsión se edificó este granero que recogía los diezmos de la localidad. En sus muros ha habido viviendas, almacenes… Fue cárcel y polvorín en la última Guerra Civil y a sus puertas, se celebraba la fiesta del Pilar.
Granero del Diezmo (s. XVI).
El ladrillo en el ángulo inferior derecho refleja la influencia del mudéjar turolense.
Archivo Centro de Estudios del Bajo Martín.
Si bien el Granero del Diezmo no es una construcción de la época de la judería medieval, por su importancia en el contexto del urbanismo de la plaza, hemos querido incluir aquí una breve síntesis sobre su historia.
Se denomina también, según distintas fuentes, de tres maneras más: Granero de San Antón; Granero del Duque, porque fue su constructor y benefactor hasta la desamortización civil del siglo XIX; y Granero del Pilar, porque los diezmos se entregaban a dicho cabildo catedralicio.
El diezmo era un impuesto eclesiástico: consistía en donar a la Iglesia la décima parte de la producción agrícola, ganadera u otros bienes. A lo largo de la historia, y hasta 1676 en la diócesis de Zaragoza, existieron dos cabildos, el del Pilar y el de La Seo; de ahí el nombre “del Pilar” de este edificio. El tributo se entregaba y custodiaba en los graneros del diezmo. Aunque muchos han desaparecido, la toponimia se conserva en numerosos lugares como recuerdo del Antiguo Régimen. Su recaudación se destinaba al sostenimiento del clero y a obras religiosas.
La construcción del granero
La construcción del edificio se documenta desde el año 1536, según recoge Mariano Laborda en su obra Recuerdos de Híjar (1980). Se levantó gracias a un privilegio otorgado por don Luis de Híjar a Bernardo Cerdán para que lo edificase a su costa en la antigua judería, “con toda la amplitud y patio correspondiente”, y con exención de impuestos con el fin de extraer panes tanto de día como de noche. El objetivo era fomentar la “ampliación, fábrica y hermosura” de la villa.
“En el Castillo de la Villa de Ixar a 19 de diciembre de 1536, Don Luis de Ixar, en consideración a los buenos servicios de Bernardo Cerdán, le concedió privilegio para que pudiese edificar un granero a su costa en la Judería de la dicha Villa y parroquia que ahora se llama de San Antón con toda la amplitud y patio correspondiente y con la facultad de poder extraer panes libres de adeudo así de día como de noche, teniendo esta gracia por muy conveniente para animar a otros en la ampliación, fábrica y hermosura de la Villa”.
Este privilegio se enmarca en un contexto en el que Cerdán había recibido previamente una bula del papa Paulo III y un privilegio del emperador Carlos V relativos a la confiscación de bienes de los nuevos convertidos en caso de apostasía.
Por la continuidad del espacio, no sería descabellado que se reutilizaran inmuebles de antiguos vecinos del barrio —quizá conversos—, aunque no hay constancia documental directa que lo confirme.
Un edificio singular
La localización del Granero en el antiguo barrio de la judería favoreció la conservación tanto del edificio como del entorno urbano que lo rodeaba. Durante generaciones, este espacio albergó una infraestructura de gran relevancia económica y social, ya que era el lugar al que acudían los hijaranos a entregar el impuesto eclesiástico. Allí se concentraban importantes cantidades de grano que reportaban beneficios al clero y también —por qué no decirlo— a ciertos administradores y comerciantes bien posicionados. Existen múltiples referencias históricas que muestran cómo algunos administradores de la nobleza llegaron a acumular riquezas y privilegios a costa del esfuerzo de los vasallos y con la permisividad de sus señores.
Por su gran tamaño destaca entre todas las construcciones del barrio. Posee una amplia planta baja más dos alturas. Se sustenta con grandes columnas de ladrillo y, según las fuentes, ha sufrido varias reformas en su zona más endeble, la que da al río y a la acequia Vieja. En la actualidad está dividido en dos inmuebles y, según hemos conocido por el archivo ducal, contaba con una vivienda en su interior, que bien pudiera ser una de las partes que todavía se conserva, con entrada propia.
Detalle de las ventanas superiores del antiguo Granero de San Antón, construidas para favorecer la ventilación y la correcta conservación del grano. Este tipo de vanos altos era característico en muchas de las casas históricas de la plaza, especialmente en sus pisos superiores. Mientras que las más antiguas presentaban formas conopiales, estas —ya del siglo XVI— adoptan un diseño más simple y funcional, propio de su época.
Entre la historia y el futuro
En una visita realizada en 1767 por el administrador del duque de Híjar a las posesiones del señorío, recogida en el Archivo de la Casa Ducal de Híjar (Sala V, Legajo 93, Caja 2) y transcrita por Cándido Marquesán, se dejaba constancia del deterioro del Granero del Diezmo y de lo costoso y poco práctico de su reparación:
“Después pasamos al granero de S. Antón, que es el único, que tiene su Excelencia, pero aunque de dos suelos es malísimo. No hay aires, está en descamino y por la parte del río amenaza ruina por los dos extremos, cuyo reparo, por la eminencia de su situación, será costosísimo y nada permanente. Si determinásemos hacerse el nuevo en la Plaza de Palacio, podrían construirse en este de San Antón dos casas, para las que se aprovecharía el material y el alquiler, que produjesen y sería rédito más que correspondiente al coste de su construcción. Junto a este granero hay una casita de S.E, arrendada a Joseph Ferrer Carreras en 4 libras al año, pero es mozo de eras, en pasaje excusado al granero y no hace bien esté junto a él.”
En la actualidad, el edificio sigue en mal estado de conservación, por lo que resulta urgente su intervención como parte fundamental del conjunto patrimonial catalogado. El granero representa una infraestructura histórica clave, y en los distintos planes de gestión y propuestas para el barrio de San Antón, se señala como uno de los posibles espacios neurálgicos para el desarrollo de actividades sociales, culturales y económicas. Su recuperación no solo supondría preservar un bien arquitectónico singular, sino también activar un recurso estratégico para el futuro del barrio.
En su interior, se encuentra un grafiti que muestra uno de los monumentos o altares que se alzaban con motivo de la festividad de la virgen del Pilar, que durante muchas décadas se celebró en la plaza de San Antón aprovechando la hornacina de la virgen situada en la fachada.
El antiguo Granero del Pilar fue usado como polvorín durante la Guerra Civil española. La ermita y el propio granero funcionaron en distintos momentos como prisión y refugio. Aún se conserva una cueva, bajando del Piquete hacia la acequia, que sirvió de refugio temporal durante los bombardeos.
Los ataques para destruir el polvorín afectaron especialmente a un tercio de las casas del barrio, dejando buena parte de la plaza en ruinas. Milagrosamente, la zona más monumental de la judería se salvó.
Para quienes deseen profundizar en la historia de esta judería, se recomienda la siguiente bibliografía fundamental: