LA CASA Y LA CALLE
Casas que miran hacia dentro. La mujer ocupaba un lugar predominante en la familia. Se retuercen las calles hacia la enorme plaza. Ladrillo, cal y yeso; argamasa de siglos que convierten el entorno en un museo vivo donde sentir la herencia común.
Huellas que resisten el olvido
Tras la despoblación gradual del barrio durante el éxodo rural español, entre las décadas de 1950 y 1970, el futuro del conjunto histórico no parecía prometedor. La pérdida más grave fue la destrucción de la popularmente conocida como “casa del Rabí”, un edificio que, con toda probabilidad, estuvo en origen vinculado arquitectónicamente a la antigua sinagoga. Aun así, la emigración del vecindario y la casi ausencia de reformas posteriores permitieron que algunas casas se conservaran. Son, todavía hoy, testigos mudos de siglos de historia.

Fotografía aérea de la esquina sureste de la plaza de San Antón. El edificio de ladrillo amarillo, junto a la antigua sinagoga, construido en la segunda mitad de la década de 1970, se alza en el lugar que la tradición local identifica como la antigua «Casa del Rabí». © JAGui.es
La protección y sensibilización de nuestro patrimonio ha llegado demasiado tarde para muchos inmuebles y barrios de las localidades de nuestra comarca. Son muchos los cascos históricos desaparecidos entre las décadas de los años 70 y 80 del siglo XX con el pretexto de un mal entendido “saneamiento” de los pueblos. Pese a ello, la comarca cuenta todavía con cascos históricos y conjuntos destacables, como el de Albalate del Arzobispo (que tiene la categoría de Conjunto Histórico Artístico), el de Urrea de Gaén (uno de los mejores ejemplos de urbanismo morisco de Aragón) y ciertos espacios urbanos en Samper de Calanda o La Puebla de Híjar.
En el urbanismo de las aljamas judías y moras de la Edad Media, las particularidades sociales y religiosas de sus comunidades favorecían una vida orientada hacia el interior. Las viviendas se organizaban en torno a espacios domésticos reservados, a los que se accedía desde calles estrechas y sinuosas, tanto en su trazado horizontal como en su pendiente. El acceso se realizaba a través de callizos y adarves, pasajes cerrados donde abrían sus puertas las casas de estas pequeñas comunidades, garantizando así la intimidad y la cohesión vecinal.
Si pulsas sobre el vídeo, podrás ver un fragmento del documental Libros: el legado de Alantansí (José Ángel Guimerá, 2024), dedicado al impresor hijarano Eliezer Alantansí, fundador de una de las primeras imprentas hebreas de incunables de la Península Ibérica.
El fragmento muestra también una recreación del trazado urbano de época y la forma tradicional de acceso a las viviendas de los barrios judíos en Aragón.
En el interior de las casas, las mujeres judías desempeñaban un papel esencial en la transmisión de las costumbres, las tradiciones religiosas y el modo de vida familiar. Aún hay mucho por desvelar; cualquier vivienda o archivo puede aportar pistas valiosas sobre la vida de los judíos hijaranos en la Edad Media.
¿Existió un mikvé en la judería de Híjar?
Aunque el barrio ha sufrido destrucción patrimonial, las últimas catas arqueológicas realizadas durante la restauración del edificio han permitido identificar la entrada de la sinagoga. ¿Podría haber sucedido lo mismo con el mikvé?
Es posible que una de las primeras instalaciones religiosas impulsadas por la próspera comunidad judía medieval de Híjar fuera el mikvé (baño ritual).
Aunque solemos pensar en la sinagoga como el centro espiritual, cultural y social, no era imprescindible para la oración colectiva: según la tradición, basta con que hubiera minyán —un grupo mínimo de diez hombres adultos— para rezar en cualquier espacio adecuado. De hecho, contar con un minyán estable era la condición práctica para consolidar una sinagoga u oratorio en condiciones, cuando la comunidad disponía de los recursos necesarios.
En algunas antiguas juderías de la península se han encontrado estructuras que podrían haber servido como mikvaot (plural de mikvé). Este tipo de baños rituales necesitaba agua de origen natural, como lluvia recogida directamente, o el caudal de una acequia o un manantial. Era importante que no hubiera sido transportada artificialmente, cumpliendo los requisitos establecidos por la ley judía.
En Híjar, la orografía y el clima planteaban desafíos. El barrio judío se situaba en una cota elevada respecto al río, y las sequías eran frecuentes. En este contexto, de haber existido un mikvé, la hipótesis más verosímil habría sido el uso ritual del agua de la Acequia Vieja, que discurría unos metros por debajo de la plaza. Con todo, por la normativa tradicional —que priorizaba el agua “viva” (manantial o surgencia subterránea)— lo más deseable habría sido abastecerlo desde un manantial.
Hasta ahora, no se han encontrado restos materiales que permitan confirmar su existencia. Aunque algunas hipótesis apuntan a que el mikvé podría haberse situado en las bodegas de casas próximas al patio de entrada de la sinagoga —en una de las cuales se conserva hoy un aljibe—, estas ideas carecen de fundamento en ausencia de evidencias documentales o arqueológicas que confirmen un uso ritual.
A falta de un estudio detallado de estas viviendas, apenas contamos con indicios. Se documentó alguna pequeña pila o depósito, pero todo parece indicar que su función estaba relacionada con tareas domésticas o agrícolas, como almacenar agua o prensar productos.
En resumen, seguimos sin respuestas concluyentes. El mikvé de Híjar, si existió, sigue siendo un misterio por resolver. Cada calle, cada muro, cada casa puede aún esconder fragmentos de una historia por descubrir.
Sobre el agua y la Acequia Vieja: posibles vínculos con la judería

El antiguo puente medieval de Híjar, derribado en 1910.
Esta fotografía muestra el antiguo puente sobre el río Martín, a la altura de la actual calle Arrabal del Puente. En su centro se alzaba la llamada «cruz cubierta», cuyo basamento se reutilizó para el monumento moderno, hoy trasladado al cruce de la N-232 con la vía de acceso a Urrea de Gaén. ca. 1880–1910. Foto: José Antonio Dosset. (Archivo Dosset, Instituto de Estudios Turolenses).
Sabemos que la Acequia Vieja tuvo un papel clave en la historia de Híjar, no solo en el ámbito agrícola, sino también en la organización social y económica del barrio. Esta infraestructura hidráulica discurre cerca del núcleo urbano e incluso atraviesa zonas como la calle de las Monjas, una de las posibles vías de entrada al barrio histórico.
Desde época medieval, las ordenanzas municipales regulaban los turnos de riego —también llamados adores—, muchos de los cuales han perdurado hasta hoy.
En cualquier caso, la Acequia Vieja representa la única corriente de agua cercana al barrio, lo que la convierte en un elemento fundamental para futuras investigaciones.
Por ahora, cualquier afirmación debe tomarse con cautela. A la espera de nuevos hallazgos, el vínculo entre la acequia, el uso del agua y la vida ritual de la comunidad judía de Híjar sigue siendo una hipótesis abierta a la investigación.

Plano general de Híjar con la ubicación del barrio de San Antón (antigua judería) y su relación con el río Martín y el conjunto urbano histórico. Se aprecian la calle de la Fuente y el antiguo “camino de la Fuente”, así como los principales hitos del trazado medieval que articulaban el acceso al agua y la comunicación con el castillo y la plaza mayor. Fuente: Mariano Laborda, Recuerdos de Híjar
Calle de la Fuente
La actual calle de la Fuente está situada de forma paralela a la plaza de San Antón. Por lo que se ha podido observar en las interesantes fotografías de Dosset de la localidad de Híjar, a finales del s. XIX no conformaba una calle.

Vista general de Híjar tomada desde el convento de Nuestra Señora de los Ángeles, ca. 1880–1910. Foto: José Antonio Dosset. (Archivo Dosset, Instituto de Estudios Turolenses).
Este espacio correspondía a la parte trasera de las casas de la plaza y formaba parte de lo que tradicionalmente se conocía como el camino de la Fuente.
En la fotografía histórica de Dosset, pueden apreciarse las casas del barrio de San Antón a la derecha, y bajo ellas, el terreno por donde discurría este antiguo camino. En la zona se distinguen lo que parecen corrales o restos de cimentación, situados en el espacio que hoy conecta con la Torre de la Fuente del Duque.
Todo indica que este sector se urbanizó ya en el siglo XX, lo que sugiere que en época medieval no existía una calle como tal. Existe documentación que menciona la Fuente del Duque, situada junto al camino de la Fuente —la actual calle del mismo nombre—, que aprovechaba las aguas de la Acequia Vieja y de la escorrentía natural procedente de la Val de la Magdalena, donde se encuentra.
Su ubicación exacta estaría entre el cruce del camino de la Fuente y el antiguo camino de Samper —hoy acceso a las huertas y al río Martín—, un punto clave en la red hidráulica y viaria del antiguo Híjar.
Para quienes deseen profundizar en la historia de esta judería, se recomienda la siguiente bibliografía fundamental: