2. AZAGUÁN (La esencia del barrio)
Un zaguán es una entrada. Desde aquí se accedía en el siglo XV a la sinagoga. Te invitamos a indagar en lo que la historia nos dejó como legado: un trazado medieval que sigue escondiendo pequeños tesoros en forma de yeserías, callejuelas, obras únicas y recuerdos.

Recorrido por la calle Azaguán (de izquierda a derecha y de arriba abajo), desde su entrada hasta la plaza de San Antón.
El Azaguán: puerta de entrada a la judería
Un zaguán es un espacio cubierto dentro de una casa, que sirve de entrada a ella y está inmediato a la puerta de la calle. Por extensión, el término se utiliza también para referirse al recibidor de cualquier vivienda.
Como reminiscencia de la lengua aragonesa hablada en esta zona hasta bien entrada la Edad Moderna, “A Zaguán” podría corresponder a la unión del artículo “a” con la palabra “zaguán”, del mismo modo que todavía ocurre en el castellano hablado en Aragón con otros sustantivos a los que se antepone esa “a” del artículo.
Si caminamos por el barrio de San Antón, el “Azaguán” es una calle estrecha, paralela a la gran plaza dedicada a este santo, que en su tramo final gira 90 grados y desemboca en la plaza. En este ángulo se conservan algunos de los rincones más genuinos del barrio. La otra entrada natural a la antigua judería, desde la Cuesta del Olmo, es la actual calle Jesús, que, tras diversas vicisitudes, solo conserva hoy una parte muy reducida y distinta de su trazado original.


Procesión del Pregón entrando a la plaza por la calle Azaguán, Semana Santa de Híjar, c. 1900.
Fotografías de José Antonio Dosset (Archivo Dosset, Instituto de Estudios Turolenses).
La procesión del Pregón, que se celebra cada Viernes Santo a las 16:00 h, parte y concluye en la iglesia de Santa María la Mayor, recorriendo, entre otras, las calles del antiguo barrio judío. En su paso por la plaza, accede por la calle Azaguán y, tras bordear la antigua sinagoga, continúa por la calle Jesús, siguiendo un itinerario profundamente simbólico y arraigado en la tradición local. Las imágenes de San Juan y la Virgen de los Dolores avanzan entre fachadas irregulares y callejuelas estrechas que aún conservan la impronta del trazado medieval.
El uso del ladrillo, las ventanas conopiales y los cobertizos de estilo mudéjar hablan de una arquitectura singular, herencia de la convivencia entre judíos, cristianos y moros. (link a la página del texto 1)
La Semana Santa hijarana está documentada desde el siglo XVI, según recoge Mariano Laborda Gracia en “Recuerdos de Híjar“, donde se cuenta que, en 1519, don Luis Fernández de Híjar y Ramírez de Arellano fundó el convento de Nuestra Señora de los Ángeles, para albergar a frailes franciscanos, quienes durante las obras (hasta 1524) se hospedaron en la actual ermita o antigua sinagoga. A estos frailes se les encomendó también organizar las procesiones de Semana Santa con un carácter estrictamente cristiano, en sustitución de los ruidosos cortejos populares que hasta entonces recorrían las calles entre el estruendo de cacharros metálicos.
El barrio histórico y la ermita fueron declarados Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés en 2002. Las ruinas del antiguo convento de Nuestra Señora de los Ángeles recibieron la misma protección en 2025.
La entrada oculta
Si la judería y la plaza tenían varios accesos, ¿por qué llamar así a una calle? ¿Zaguán o recibidor… de qué? ¿De una casa, de un edificio público?

Vista general al finalizar la excavación arqueológica en febrero de 2017.
La imagen muestra el interior de la ermita de San Antón con el pavimento retirado y los restos estructurales a la vista. Se aprecian las tumbas antropomorfas y otros elementos clave que confirman la relevancia histórica y religiosa del edificio. © DiaporamaPro.
Tras las últimas excavaciones arqueológicas, uno de sus principales hallazgos fue la localización de unas escaleras en el muro opuesto a la plaza que indicaban la existencia de una antigua puerta, seguramente el acceso original a la sinagoga.
Fue una pista fundamental: se sabía que la puerta actual que da a la plaza es del siglo XX, y que la contigua, hoy tapiada, podría ser de época cristiana —quizá del siglo XVI— por la decoración de sus dovelas.


Umbral de acceso a la sala de oración y peldaños de la escalera de entrada.
En las fotografías superiores, se documentan los distintos niveles de unidades estratigráficas en el corte de muro que marcaba la ubicación de una antigua pared.
En la fotografía inferior, podemos ver los peldaños de la escalera que formaban parte de la entrada secundaria a la sinagoga. Este conjunto de evidencias permitió confirmar la existencia de un patio de acceso, conocido como azara, que se vinculaba directamente con la calle Azaguán. © Antonio Hernández Pardos 2025.
¿Podía haber otra puerta antigua que diese a un patio de acceso a la sinagoga? Todo parecía indicar que teníamos a la vista el patio o azara de entrada, que hasta entonces había pasado desapercibido.
Después de localizar a los propietarios de las casas que daban a la zona de las escaleras y de la sacristía a través de la calle Azaguán, se pudieron observar los restos de una entrada enmarcada en un arco apuntado, e incluso un pequeño patio. Pero eso no era todo. Los propietarios reconocieron que, justo en lo que actualmente es la cocina de una de las viviendas, que da al pequeño patio, ha habido algunos problemas de filtraciones, porque está construida encima de un antiguo aljibe.


Restos del arco de descarga en la medianera del patio, vistos desde una de las casas adyacentes.
Este arco apuntado, parcialmente conservado, fue descubierto durante las obras de restauración, y forma parte de los elementos estructurales que han permanecido ocultos durante siglos.
El hallazgo, localizado en una vivienda con acceso desde la calle Azaguán, refuerza la hipótesis de que este entorno formaba parte del antiguo patio de entrada —el azara— a la sinagoga. Este espacio intermedio permitiría acceder a la sala de oración. Un descubrimiento clave para entender la configuración original del edificio y su acceso ritual. © CEBM.
Según la normativa ritual judía, no se puede acceder a una sinagoga directamente desde la calle. Hay que hacerlo a través de un pequeño patio, en el que suele haber una fuente o pozo para las abluciones.
La entrada, recibidor o zaguán, que nos permitía conocer cuál podía ser la entrada a la sinagoga… había estado ahí desde siempre. El propio nombre lo indicaba. Solo era preciso leerlo. ¿Cuántas sorpresas más nos podría deparar la judería?
Todo apunta, por tanto, a que la calle Azaguán no solo actuaba como eje de circulación, sino que funcionaba como espacio de transición simbólica: un acceso ritual hacia el corazón espiritual de la comunidad. Más allá de su etimología aragonesa, el topónimo parece conservar la memoria funcional de ese espacio intermedio —el azara o patio— que, como mandaba la tradición hebrea, separaba el ámbito público del sagrado. Una huella lingüística y urbanística que convierte esta calle en testigo silencioso de siglos de historia.
Otras joyas invisibles
El estado de abandono de muchos de los inmuebles en el barrio ha propiciado que parte de las casas estén en ruinas y que otras hayan sido adquiridas, entre otros propietarios, por peñas recreativas que las utilizan como lugar de reunión y de asueto.
A través de una de estas peñas, localizada en el número 17, se pudo acceder a una de las joyas escondidas en el barrio. En la zona superior del tejado se encuentran unos excepcionales canecillos tallados en una estructura que soporta el tejado. También se aprecia a simple vista cómo gran parte de la calle pertenecía a una sola edificación que, con el tiempo y las herencias, se fue repartiendo entre varias familias.
En la zona superior de dicho inmueble, y casi escondido desde la calle por situarse a la altura de un cuarto piso, se encuentra otro pequeño tesoro, que asimismo había pasado desapercibido. Se trata de un antiguo paño de yesería decorativa.
Desde la calle, solo se aprecia alguna decoración floral o geométrica de la esquina superior derecha. Hasta la fecha no se han hecho catas, por lo que todavía no podemos asegurar si se trata de una antigua ventana o de un paño reutilizado, si tiene relación con los restos de la techumbre del edificio o si está en su localización original.


Restos de yesería en altura, visibles desde la calle Azaguán, sobre lo que parece ser una antigua ventana tapiada. ©JAGui.es
Para quienes deseen profundizar en la historia de esta judería, se recomienda la siguiente bibliografía fundamental: